Pasolini, extremo izquierdo.
Pasolini, extremo izquierdo.
Los años en que los lunes eran mis días preferidos.
Aquel cumpleaños en la preparatoria en el que, infructuosamente, intenté estar despierto las 24 horas.
Esta foto de Jorge Eduardo Eielson nadando en un mar de flores en Italia.
El arquitecto Louis Kahn nunca tuvo casa propia.
En el edificio están el vecino que levanta los periódicos y los coloca en el buzón y también el vecino que levanta nuestros periódicos y se los lleva.
Lucio Fontana recorriendo su estudio en Milan después de un bombardeo en 1946.
Los de la esquina inferior derecha son Yo la tengo.
Fue el cumpleaños de mi papá. Fui por él al trabajo. Es director de la secundaria donde él y sus hermanos estudiaron de pequeños. Siempre que entro siento que alcanzo a ver a mis tías en sus doce, trece, catorce años. A veces veo a mi papá niño también. Se me queda mirando. Se va a su salón. También me imagino a mi abuela yendo a las juntas escolares. Esta secundaria no es una secundaria. Es un recuerdo.
Este texto apareció en la revista Tierra adentro de noviembre de 2015. La revista fue un numero especial para conmemorar los 50 años de la aparición de la novela Farabeuf de Salvador Elizondo. El origen de todos los textos era escribir acerca de la imagen del suplicio llamado “Muerte por mil cortes” que Elizondo ocupa en su novela. El libro lo leí justo entrando en la universidad. Aunque lo empecé con entusiasmo no lo terminé. No me han dado ganas de volver a leerlo. Obviamente no lo leí para hacer este texto.
No me gusta la idea del fotógrafo como el último invitado de la fiesta, decía Nan Goldin. “Yo no soy la infiltrada. Estas personas son mi familia. Esta es mi historia. Esta es mi fiesta.”
El dios mexica Xipe-Tótec que utilizó su propia piel para alimentar a la humanidad.
Las primeras fiestas fueron rituales.
De entre todas las miradas de la foto hay sólo tres que no están hipnotizadas por el filo del cuchillo. Todas las demás, aunque no puedan verlo, intentan seguirle el paso. Imaginar el pliegue exacto de piel donde comienza la abertura.
A veces hay fiestas que no son fiestas.
Se puede ver la mirada del hombre que está siendo desmembrado. Su mirada está despejando.
Ojos que miran hacia arriba.
Esta es una foto llena de ojos que miran hacia abajo.
Hay en la foto un hombre que mira el suceso con el juicio de la experiencia. No luce sorprendido. Sus ojos están alejados de la curiosidad que muestran las otras miradas. El hombre luce impasible. Su mirada inspecciona.
Ojos de experto.
Siempre puede haber fiestas mejores.
Una forma de agradecer al dios Xipe-Tótec y de pedir por la fertilidad de la tierra y los cuerpos era desollando a los enemigos o a los prisioneros y posteriormente vestir esa piel.
¿Quién tomó la foto de esta fiesta?
Las primeras fotos fueron dibujos sobre piedras.
El Xipe-Totec de Thomas Glassford donde al viejo edificio mexicano de relaciones exteriores, diseñado por Pedro Ramirez Vázquez, lo recubre con una piel lumínica nocturna.
Durante algún tiempo las fotos también fueron relatos.
Hay en la foto tres rostros casi borrosos. En dos de ellos se alcanza a vislumbrar un semblante. El otro es casi invisible.
Está la única mirada del que busca el rostro del supliciado. Es una mirada casi compasiva.
Ojos que buscan otros ojos.
Todas las fotografías mienten.
¿En qué momento los rituales comenzaron a ser fiestas?
Está también la mirada ciega del fotógrafo.
La foto de esta fiesta fue tomada en el siglo XX.
¿Cómo serán las fiestas del futuro?
En los rituales de este siglo se encuentran los hombres sin cabeza, el tiro de gracia, la muerte por asfixia.
Ahora contamos también con videos instantáneos. Es necesario saber cómo terminan los momentos.
Hay que grabar todas las fiestas.
¿Cómo habrán sido las fiestas rituales en honor a Xipe-Tótec?
Antes, creíamos, ser los últimos invitados en la fiesta.
La fiesta siempre ha sido nuestra.
*Texto aparecido en el nª 209 de la revista Tierra Adentro.